Gambas al ajillo: la receta de bar que puedes hacer en casa

Gambas al ajillo burbujeando en cazuela de barro con ajo dorado y guindilla

El chisporroteo del aceite, el perfume del ajo dorándose y esas gambas que empiezan a curvarse en la sartén volviéndose rosadas en cuestión de segundos. Las gambas al ajillo son la tapa española por excelencia, la que se pide en cualquier bar de cualquier pueblo, la que siempre sale buena y la que, curiosamente, casi nadie se anima a hacer en casa. Y no tiene sentido, porque es una de las recetas más fáciles y rápidas que existen: seis ingredientes, ocho minutos de cocción y un resultado que huele tan bien que los vecinos llaman al timbre para preguntar qué estás cocinando. La clave está en el aceite, en el ajo y en no pasarse de cocción. El resto es dejarse llevar.

Ingredientes de las gambas al ajillo

Para cuatro personas como tapa generosa necesitarás 500 g de gambas crudas de tamaño mediano-grande (frescas o congeladas, peladas o sin pelar según tu preferencia), 6 dientes de ajo cortados en láminas finas, 1 guindilla seca o cayena (entera o troceada según lo picante que te guste), 150 ml de aceite de oliva virgen extra, medio vaso de vino blanco seco, una cucharadita de pimentón dulce o picante, perejil fresco picado, sal y pan crujiente para mojar.

Las gambas arroceras dan muy buen resultado por su tamaño y su sabor. Si usas congeladas, descóngelalas completamente y sécalas bien con papel absorbente antes de echarlas al aceite: si tienen agua, el aceite salpica y la cocción se convierte en fritura. El aceite de oliva virgen extra es innegociable en esta receta: es el ingrediente principal de la salsa y su sabor se nota en cada cucharada que mojas con el pan.

Preparación paso a paso

Paso 1: Dorar el ajo y la guindilla

Vierte el aceite de oliva en una sartén amplia o, mejor aún, en una cazuelita de barro si la tienes. Calienta a fuego medio y añade las láminas de ajo y la guindilla entera o troceada. Cocina removiendo suavemente durante dos minutos, hasta que el ajo empiece a dorarse por los bordes. El ajo debe quedar dorado, nunca quemado: si se pasa, el plato entero sabrá amargo. Si ves que coge color demasiado rápido, retira la sartén del fuego unos segundos.

Ajo en láminas y guindilla dorándose en aceite de oliva en cazuela de barro
El ajo debe quedar dorado, nunca quemado

Paso 2: Añadir las gambas

Sube el fuego a potencia alta y echa las gambas de golpe. Saltea durante un minuto por cada lado: en cuanto se vuelvan rosadas y se curven ligeramente, están hechas. La gamba cruda es gris y recta; la gamba en su punto es rosa y curvada. Si la dejas hasta que esté rígida y enrollada sobre sí misma, está pasada. La diferencia entre una gamba perfecta y una gamba de goma es literalmente un minuto.

Paso 3: Vino blanco y pimentón

Con las gambas ya rosadas, vierte el medio vaso de vino blanco. El líquido hervirá de inmediato al contacto con la sartén caliente, levantando una nube aromática espectacular. Deja reducir el vino a la mitad, unos dos minutos, para que el alcohol se evapore pero el sabor del vino permanezca. Retira del fuego, espolvorea el pimentón y el perejil picado, y remueve un par de veces para integrar.

Añadiendo las gambas crudas al aceite caliente con ajo dorado
En cuanto se vuelvan rosadas y se curven, están hechas

Paso 4: Servir inmediatamente

Las gambas al ajillo se sirven calientes, directamente en la cazuela de barro o en la sartén, acompañadas de pan crujiente para mojar en el aceite. Ese aceite infusionado de ajo, guindilla y jugo de gambas es la autentica estrella del plato: hay quien acaba rebanañando el pan en la cazuela vacía mucho después de que las gambas hayan desaparecido.

Trucos de bar para unas gambas al ajillo perfectas

El truco que usan en los bares es servir la cazuela con el aceite aún burbujeando. Para conseguirlo en casa, calienta la cazuela de barro aparte en el horno a 200 grados durante diez minutos, echa las gambas recién hechas y el aceite ardiendo dentro, y llévala directamente a la mesa. El barro mantiene el calor y el aceite sigue chisporroteando durante varios minutos.

Otro truco es añadir las cáscaras de las gambas (si las has pelado) al aceite durante el paso 1, junto al ajo, y retirarlas antes de añadir las gambas peladas. Las cáscaras sueltan un sabor a marisco concentrado que enriquece el aceite enormemente. Si te gustan las gambas, en solorecetas.com tienes más recetas con gambas, las gulas al ajillo con gambas y nuestras ideas de entrantes para fiestas.

Mojando pan crujiente en el aceite de las gambas al ajillo
El aceite infusionado de ajo y gambas es la autentica estrella del plato

Preguntas frecuentes

¿Mejor gambas frescas o congeladas?

Las frescas tienen más sabor, pero las congeladas de buena calidad funcionan perfectamente si las secas bien antes de cocinarlas. Nunca las eches con agua al aceite caliente.

¿Con cáscara o peladas?

Con cáscara tienen más sabor porque la cáscara suelta jugos al aceite. Peladas son más cómodas de comer como tapa. En los bares suelen servirse con cáscara.

¿Por qué la guindilla entera en vez de troceada?

Entera suelta picante de forma gradual y controlada. Troceada libera más capsaicina y el resultado es más picante. Elige según tu tolerancia.

¿Se puede hacer sin vino?

Sí. Sin vino obtienes la versión más clásica. El vino añade un toque ácido y aromático que enriquece la salsa, pero la receta funciona perfectamente sin él.

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