Croquetas de acelgas y calabacín: receta casera cremosa con piñones

Croquetas de acelgas caseras doradas servidas en plato blanco

Hay algo irresistible en el aroma de unas croquetas de acelgas recién fritas: ese crujido del pan rallado dorado al primer mordisco, el contraste con la bechamel cremosa y ligeramente dulce del calabacín, y el puntito tostado de los piñones que aparece de repente en la boca. Es una receta que sorprende a quien la prueba por primera vez, porque asociamos las croquetas al jamón o al pollo, y sin embargo aquí la verdura se convierte en la protagonista sin pedir permiso. Lo cierto es que son una manera brillante de meter acelgas en la dieta de quien las mira con recelo, incluidos los niños.

Esta versión con acelgas, calabacín, piñones y queso es una receta de aprovechamiento clásica de la cocina mediterránea, muy habitual en la Cataluña rural y en el Levante español, donde los piñones abundaban y la bechamel llegó con la influencia francesa para dar cremosidad a las verduras. Se come caliente como aperitivo, como entrante o incluso como plato principal ligero acompañado de una ensalada verde. Y tiene una ventaja enorme: se pueden dejar hechas el día antes, incluso congeladas empanadas, para freírlas al momento.

Ingredientes para 5 personas (unas 20 croquetas)

  • 600 g de acelgas frescas (aprovecha las hojas y pica bien los tallos tiernos)
  • 1 calabacín grande (unos 300 g)
  • 30 g de piñones
  • 50 g de queso curado rallado (manchego o parmesano)
  • 150 ml de leche entera
  • 50 g de mantequilla
  • 50 g de harina de trigo
  • 2 huevos (uno para la masa, otro para empanar)
  • 60 g de pan rallado
  • Aceite de oliva virgen para freír
  • Sal y una pizca de nuez moscada
Ingredientes para croquetas de acelgas sobre encimera de madera
Acelgas, calabacín, piñones y el resto de ingredientes dispuestos antes de empezar: la mise en place marca la diferencia.

Cómo hacer croquetas de acelgas paso a paso

La clave de unas buenas croquetas de verdura no está solo en la bechamel, sino en escurrir muy bien las acelgas y el calabacín. Si dejas una gota de agua de más, la masa te quedará blanda y las croquetas se abrirán al freírlas. Con esto claro, el resto es seguir el orden.

1. Cocer las acelgas y el calabacín

Lava las acelgas hoja por hoja bajo el grifo, retira los nervios más duros y trocea. Ponlas en una olla con abundante agua hirviendo y una cucharadita de sal durante 10 minutos. En otra cazuela cuece el calabacín pelado y cortado en dados, también con sal, durante 8 minutos: debe quedar tierno pero no deshecho. Escurre ambas verduras en un colador y presiónalas con el dorso de una cuchara para eliminar todo el agua posible. Después pícalas muy finamente con un cuchillo (mejor que en la picadora, que las rompe demasiado).

2. Tostar los piñones

Ponlos en una sartén sin aceite a fuego medio y muévelos constantemente hasta que empiecen a dorarse, unos 2 o 3 minutos. Retíralos enseguida del calor o se quemarán por dentro sin que lo veas. Este pequeño gesto es el que marca la diferencia entre una croqueta correcta y una memorable.

3. Preparar una bechamel espesa

En una sartén amplia derrite los 50 g de mantequilla a fuego medio-bajo. Cuando esté líquida pero no dorada, añade la harina y remueve con unas varillas durante 2 minutos, hasta que se cueza y pierda el sabor a crudo. Vierte la leche caliente poco a poco, siempre removiendo para evitar grumos, y cocina 6 minutos más a fuego suave. La bechamel debe quedar muy espesa, porque al enfriarse se endurecerá aún más: esa textura densa es la que dará cuerpo a las croquetas.

Bechamel con acelgas y calabacin cocinandose en cazo
Incorpora las verduras bien escurridas a la bechamel y mezcla hasta que todo quede integrado y brillante.

4. Integrar verduras, queso y piñones

Retira la sartén del fuego. Añade las acelgas y el calabacín bien picados y escurridos, la yema de un huevo, el queso rallado y los piñones tostados. Mezcla con energía hasta que todo quede integrado. Prueba y ajusta de sal; añade una pizca pequeña de nuez moscada recién rallada, que realza muchísimo el sabor de las acelgas. Reserva la clara para empanar luego.

5. Enfriar bien la masa

Extiende la pasta en una fuente amplia y baja, cubre a piel con film transparente (pegado a la masa, para que no forme costra) y déjala enfriar en la nevera al menos 2 horas, idealmente toda la noche. Este reposo es innegociable: una bechamel caliente es imposible de manejar y las croquetas se deshacen en el aceite.

6. Formar y empanar

Con una cuchara sopera toma porciones de masa y dales forma con las manos ligeramente humedecidas o con un par de cucharas. Pásalas primero por huevo batido (usa el entero que reservaste más la clara anterior) y luego por pan rallado, presionando para que se adhiera bien. Si te gusta la corteza extra crujiente, haz un doble empanado: huevo, pan rallado, otra vez huevo y otra vez pan rallado.

Croquetas empanadas listas para freir sobre bandeja blanca
Una vez empanadas, las croquetas pueden freírse al momento o congelarse separadas en bandeja.

7. Freír en abundante aceite

Calienta aceite de oliva virgen en una sartén honda hasta que alcance unos 180 °C (si no tienes termómetro, echa una miga de pan: debe burbujear de forma alegre sin humear). Fríe las croquetas en tandas de 4 o 5, sin amontonar, durante 2 o 3 minutos hasta que estén doradas por fuera. Escúrrelas sobre papel absorbente y sírvelas enseguida, bien calientes, para disfrutar del contraste entre el crujiente exterior y el relleno cremoso. Si te gusta cuidar el aceite para usos posteriores, te recomendamos leer cómo aclarar el aceite oscuro con el truco de la clorofila o este compendio de trucos para ahorrar aceite de oliva que funcionan de verdad.

Trucos de cocinero para unas croquetas de acelgas perfectas

  • Seca las verduras más de lo que crees necesario. Las acelgas retienen mucha agua; si hace falta, envuélvelas en un paño limpio y escurre presionando fuerte.
  • Mantequilla, no aceite. En esta receta la mantequilla aporta un dulzor lácteo que acompaña muy bien a la acelga. El aceite de oliva queda más neutro.
  • Bechamel muy espesa. Si dudas, quédate con más harina que con menos: siempre puedes alargar la masa si queda durísima, pero no al revés.
  • Frío, frío y más frío. La masa fría se maneja sin sufrir. Si tienes prisa, después de la nevera méte­la 15 minutos en el congelador antes de formarlas.
  • Pan rallado tipo panko. Si lo encuentras, consigue un exterior mucho más crujiente y menos graso.
  • Se pueden congelar empanadas sin freír. Colócalas separadas en una bandeja, congélalas y luego pásalas a una bolsa. Se fríen directamente congeladas, bajando un poco la temperatura del aceite para que se hagan por dentro sin quemarse.

Variaciones para cambiar la receta

Si quieres hacerla más golosa, sustituye 50 ml de la leche por nata líquida y añade un poco de queso azul desmenuzado a la masa. Para una versión más ligera, hornéalas en lugar de freírlas: pinceladas con un hilo de aceite y al horno a 200 °C durante 15-18 minutos, dándoles la vuelta a media cocción. Si las acelgas no te entusiasman, funciona igual de bien con espinacas o con una mezcla de acelgas y borrajas. También puedes cambiar los piñones por nueces picadas o por pasas remojadas en un chorrito de vino dulce, al estilo catalán. Y si buscas inspiración para más platos con verdura de temporada, échale un ojo a nuestras ideas de recetas con verdura para comer más sano o a este caldo de berros canario tradicional, otro clásico donde la verdura es la reina.

Preguntas frecuentes sobre las croquetas de acelgas

¿Puedo preparar la masa el día anterior?

Sí, de hecho es lo recomendable. La bechamel con verduras mejora de un día para otro y se maneja mucho mejor fría. Guárdala en la nevera bien tapada a piel con film y fórmalas al día siguiente.

¿Cuánto tiempo se conservan una vez fritas?

En la nevera, bien tapadas, aguantan 2 días, aunque pierden su crujido. Para recuperarlo pásalas por el horno a 180 °C durante 6 minutos o por la airfryer 4 minutos. Evita el microondas, que las reblandece.

¿Se pueden hacer sin gluten?

Sí, sustituye la harina de trigo por maicena (usa 40 g en lugar de 50) y empana con pan rallado sin gluten o copos de maíz triturados. El resultado es igual de cremoso.

¿Con qué se acompañan las croquetas de acelgas?

Funcionan genial como aperitivo con una copa de vino blanco fresco o una cerveza. Como plato principal, una ensalada de tomate y cebolla roja, o unos canónigos con vinagreta suave, equilibran su cremosidad.

¿Por qué se me abren al freír?

Casi siempre es por dos motivos: la masa estaba demasiado blanda (faltó harina o sobraba agua en las verduras) o el aceite no estaba lo bastante caliente. Sube el aceite a 180 °C y asegúrate de que las croquetas están bien frías y selladas con un buen empanado.

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