Dos personas pueden hacer platos muy diferentes siguiendo la misma receta. Y es que incluso respetándola al milímetro, hay tres variables que pueden cambiar por completo el resultado: los ingredientes, el cariño que le pongas al hacerlo, y los utensilios de cocina que utilices.

Hoy vamos a hablar de lo tercero, y concretamente de las sartenes. Una buena sartén es algo fundamental en tu cocina, porque vamos a usarla en la gran mayoría de platos. Por eso invertir en ella es algo obligado para cualquier cocinero, sea cual sea su nivel.

¿Y qué características debe tener esta sartén?

-Obviamente, una buena antiadherencia. Nada peor para estropear un plato que dejar que la comida se pegue.

-Que estén libres de PFOA. Un material antiadherente muy común, que no beneficia precisamente a nuestra salud.

-Que reparta bien el calor, para que todo lo que hay sobre ella se cocine de forma uniforme.

Ligera, para maniobrar con ella sobre el fuego. ¿Imaginas cómo debía ser darle la vuelta a la tortilla con una de esas pesadas sartenes que usaban nuestras abuelas?

-Ignífuga. Un mango de madera es precioso, pero más peligroso que práctico.

-Versátil. Lo ideal es tener más de un tamaño, y que todas valgan para cualquier tipo de cocina, ya sea de fuego, inducción…

¿Nuestra recomendación? Las sartenes SF3 de Jata. Porque su recubrimiento antiadherente de pfluon granite está libre de PFOA, y su cuerpo de aluminio forjado nos permite trabajar sin esfuerzo con ella. Además, su exterior de silicona y su fondo difusor distribuyen el calor de forma perfecta.

Y, por supuesto, es apta para todas las cocinas, y podemos encontrarla en 7 diámetros distintos, para hacernos con las que más nos interesen.

Con una buena sartén, y una buena receta, ¡ya sólo faltará que tú pongas el cariño al cocinar para que todo salga a pedir de boca!

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