Albóndigas de queso con sémola, bajas en colesterol

La primera vez que las hice no me creía que fueran a aguantar bien en el agua hirviendo. Parecía que la masa quedaba muy blanda para que se formaran albóndigas de verdad. Pero la sémola hace su trabajo al enfriarse, la clara batida le da estructura, y cuando las sacas del agua al cabo de 10 minutos, están firmes, con una textura suave y un olor a queso fundido que no defraudan. Con la salsa de tomate por encima, completan.

Es una receta sin carne, sin freír, sin aceite en la preparación. Todo el aporte graso viene del queso bajo en grasa, que hoy en día tiene opciones muy decentes en el supermercado. Si te interesa también una guarnición verde, un caldo de verduras casero ligero de primer plato va muy bien antes de estas albóndigas.

Ingredientes (para 4 personas, unas 18-20 albóndigas)

  • 250 ml de agua
  • 500 ml de leche desnatada
  • 150 g de sémola de trigo fina
  • 125 g de queso fundido bajo en grasa (tipo light)
  • 2 claras de huevo
  • Pimienta negra y blanca recién molida al gusto
  • Nuez moscada al gusto (una pizca generosa)
  • Sal
  • 400 ml de salsa de tomate casera o de bote

Para el queso: el tipo que mejor funciona es el queso fundido en porciones light, de los que vienen envueltos individualmente. Se integra bien en la masa caliente y, al ser bajo en grasa, mantiene la receta en un rango calórico razonable. También puedes usar ricotta desnatada o queso cottage si los tienes a mano.

Preparación

Paso 1: Cuece la sémola

Pon a hervir los 250 ml de agua con los 500 ml de leche desnatada y una pizca de sal en una olla mediana. Cuando empiece a hervir, baja el fuego a medio y echa la sémola en lluvia, removiendo constantemente con una cuchara de madera para que no se formen grumos. Cocina durante 10 minutos sin parar de remover. La masa quedará espesa, parecida a una polenta densa.

Paso 2: Incorpora el queso y los aromas

Retira la olla del fuego. Corta el queso fundido light en daditos pequeños y échalos sobre la masa caliente. Remueve bien hasta que se fundan completamente y queden integrados. Salpimienta con pimienta negra, pimienta blanca y nuez moscada al gusto: aquí las especias son importantes porque compensan la suavidad del queso light. Prueba y ajusta.

Paso 3: Deja enfriar y añade las claras

Extiende la masa sobre una bandeja o déjala en la olla y espera 10-15 minutos hasta que baje de temperatura a unos 40-45°C (que se pueda tocar sin quemarse). Bate las 2 claras a punto de nieve firme en un bol aparte: estarán listas cuando al dar la vuelta al bol no se caigan. Incorpora las claras a la masa con movimientos envolventes, sin agitar, para que no pierdan el aire.

Paso 4: Forma y cuece las albóndigas

Pon a hervir agua abundante con sal en una olla grande. Con la ayuda de dos cucharas soperas, forma las albóndigas cogiendo una porción de masa y pasándola de cuchara en cuchara hasta darle forma ovalada. Echa las albóndigas en el agua hirviendo en tandas de 6-8, sin amontonar, y cocina 10 minutos. Flotarán cuando estén listas. Sácalas con una espumadera y resérvalas.

Paso 5: Sirve con la salsa de tomate

Calienta la salsa de tomate en un cazo a fuego suave. Coloca las albóndigas en platos hondos y vierte la salsa por encima. Si quieres darle más presencia, espolvorea un poco de queso rallado light por encima antes de servir. Sírvelas calientes: templadas o frías pierden mucho.

Trucos y variaciones

El punto de las claras a punto de nieve marca la diferencia: si las añades cuando la masa todavía está caliente, se bajan y las albóndigas quedan más densas. Espera a que la masa esté claramente templada. Y si la masa te queda muy blanda para formar las albóndigas, ponla 20 minutos en la nevera: endurece bastante.

Puedes sustituir parte de la sémola por sémola de maíz (tipo polenta instantánea), que da un sabor ligeramente más dulce y una textura algo más firme. Para una versión con más sabor, añade a la masa 2 cucharadas de hierbas frescas picadas (albahaca, perejil o cebollino) y un diente de ajo muy picado.

Otra opción es saltear las albóndigas ya cocidas en una sartén antiadherente con una pizca de aceite de oliva durante 2-3 minutos: cogen algo de color dorado y la textura exterior mejora bastante. Si te gustan los aperitivos con queso, el queso brie fundido sobre pan de centeno es otra receta que también funciona muy bien para una mesa ligera.

Preguntas frecuentes

¿Se pueden preparar con antelación?

Sí. Puédes cocerlas y guardarlas en la nevera hasta 24 horas antes. Caliéntalas unos minutos en la salsa de tomate a fuego suave antes de servir para que recuperen la textura.

¿Se pueden congelar?

Sí, aunque la textura cambia ligeramente al descongelar. Congélalas ya cocidas y bien frías en un recipiente hermético. Descongela en nevera y caliénta directamente en la salsa sin descongelar del todo.

¿Qué tipo de queso funciona mejor?

El queso fundido en porciones light es la opción más práctica porque se funde bien y tiene poco colesterol. También funcionan: ricotta baja en grasa, queso cottage escurrido o queso mozzarella light rallado.

¿Por qué se cuecen en agua en lugar de freírlas?

Porque la masa con sémola y clara de huevo no aguanta el aceite caliente: se deshace. Al cocerlas en agua hirviendo quedan firmes por fuera y suaves por dentro sin necesitar nada de grasa de cocción, lo que las hace ideales para dietas bajas en colesterol y grasa saturada.

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